Los problemas de la memoria son una de las primeras señales del
Alzheimer. Algunas personas que tienen problemas de la memoria tienen
una condición llamada deterioro cognitivo leve de tipo amnésico (DCL o
MCI en inglés). Las personas afectadas con este deterioro tienen más
problemas de los que normalmente tienen las personas de su misma edad,
pero sus síntomas no son tan severos como los de aquellas que tienen la
enfermedad. Cuando son comparadas con personas que no tienen DCL, la
mayoría de las personas que sí lo tienen terminan desarrollando el
Alzheimer.
Otros cambios también pueden ser señal de las etapas muy tempranas de
la enfermedad. Por ejemplo, imágenes del cerebro y estudios de
marcadores biológicos de personas que tienen DCL y de personas que tiene
un historial familiar de padecimiento de Alzheimer, han empezado a
detectar cambios tempranos en el cerebro que son similares a los
encontrados en esta enfermedad. Estos resultados tendrán que ser
corroborados por otros estudios, pero parecen ser prometedores. Otros
estudios recientes han descubierto vínculos entre algunos problemas de
movimiento y el DCL. Los investigadores también han notado vínculos
entre algunos problemas con el sentido del olfato y problemas
cognitivos.
Estos resultados ofrecen la esperanza de que algún día podamos tener
las herramientas que podrían ayudar a detectar la enfermedad de
Alzheimer temprano, delinear el curso de la enfermedad y monitorear la
respuesta a los tratamientos.
Según la zona dañada, los síntomas varían. Las personas que sufren más
daño en la parte del lóbulo frontal y temporal pueden experimentar mayor
agitación y problemas psiquiátricos. Los que tienen mayor daño en el
hemisferio izquierdo pueden sufrir alteraciones en el lenguaje.
Gracias
a la plasticidad neuronal, puede que haya un cierto equilibrio que
permite que el individuo funcione normalmente por un periodo de tiempo
aunque la enfermedad esté en proceso activo.
Hay una hipótesis
que sostiene que existen distintos umbrales que determinan la aparición
de los síntomas, y que dependen de la reserva cognitiva del individuo. Una mayor masa cerebral, mayor número de neuronas y un nivel educativo alto podrían aumentar estas reservas.
Esta hipótesis podría explicar que muchos, si no todos, los afectados por el Síndrome de Down acaban desarrollando la EA hacia los 40 años de edad, independientemente de su grado de retraso mental.
La
EA se inicia de forma lenta. Al principio, el único síntoma pueden ser
olvidos leves, que pueden confundirse con cambios en la memoria
asociados con la edad. La mayoría de las personas que sufren de olvidos
leves no tienen Alzheimer. Este tipo de dificultades pueden representar
una molestia, pero no son lo suficientemente graves como para causar
preocupación.
Sin embargo, a medida que avanza la enfermedad,
los síntomas se notan con mayor facilidad y se agravan de forma tal que
hacen que las personas con Alzheimer y sus familiares busquen ayuda
médica. Los olvidos empiezan a interferir con las actividades diarias. A
las personas en la fase intermedia de la enfermedad, se les puede
olvidar cómo hacer tareas sencillas, como cepillarse los dientes o
peinarse; ya no pueden pensar con claridad; fallan en su intento de
reconocer personas y lugares conocidos; y empiezan a tener problemas
para hablar, entender, leer o escribir. Más adelante, pueden volverse
inquietas o agresivas, o deambular fuera de sus casas. Al final, los
pacientes necesitan de un cuidado permanente.
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